miércoles, 16 de junio de 2010

Pregunta

Si el sentido de la política es la libertad, es en este espacio -y no en ningún otro- donde tenemos el derecho a esperar milagros. No porque creamos en ellos sino porque los hombres, en la medida en que pueden actuar, son capaces de llevar a cabo lo improbable e imprevisible y de llevarlo a cabo continuamente, lo sepan o no. La pregunta de si la política tiene todavía algún sentido, aun cuando acabe en la fe en los milagros -y ¿dónde debería acabar, si no?-, nos conduce inevitablemente de nuevo a la pregunta por el sentido de la política.
Hannah Arendt

domingo, 10 de febrero de 2008

la voz de la autoridad

Y pese al supuesto conflicto, las matemáticas y el lenguaje anidan en el mismo Hemisferio Izquierdo - acaban de decirlo en el canal del National Geographic y por supuesto, si lo dice la televisión, es indiscutible.
El lenguaje, materia básica de toda filosofía, comparte casillero con los números. En el otro Hemisferio estan las habilidades artísticas. Casos hubo en que alguien sufrió un daño cerebral y se le despertó una maravillosa habilidad para el dibujo o todo aquello que implique ser detallista. La teoria de los cerebrólogos es mas o menos esta: la realidad que percibimos tan compleja es que la reducimos a símbolos con los que nos manejamos muy bien. Eso nos da una ventaja tremenda aunque perdemos percepción directa: lo inverso que le pasaba a Funes el memorioso, que no podía dejar de captar cada detalle y que no podía darle mayor peso a un detalle que a otro.
Por eso el psicoanálisis, evidentemente búsqueda racional, podría estar tan distante de las emociones como el teorema de Pitágoras. ¿Porqué no el budismo zen? ¿Porqué no rezar el rosario? Esos actos te conectan con otras cosas.
La música, con su ritmo y métrica - tan matemáticas - y la poesía - desarmando las palabras de sus racionales significados y conectándolas con las emociones directas - podrían ser los ejercicios que mas relacionen ambos hemisferios. Uno mira distinto y se transforma, ve otra cosa, o como dijo el poeta salteño:

mirando flores de alfalfa
sus ojos negro se azulan

sábado, 9 de febrero de 2008

Feliz pero no tanto

A uno le va mejor en la vida cuando es feliz, pero no tanto. Esa es la conclusión a la que llegó un grupo de investigadores norteamericanos que se entretuvo haciendo estadísticas sobre lo que contesta la gente cuando le preguntan si es feliz.

La idea fue pedirle a los encuestados que se ubicaran en una escala de 1 a 10 y comparar las respuestas con otros aspectos de su vida, como su estado general de salud y bienestar, su nivel de ingreso, su nivel de estudios, su vida laboral, su participación política y su vida familiar y social.

Lo que se vio es que la medida de la felicidad va junto con todos los otros aspectos. Las personas felices ganan más, tienen un mejor nivel de educación, son más sanas, les va mejor en el trabajo y son más activas políticamente que las que no son felices. Además, es más probable que hayan formado una familia.

Hasta que llegan a 10. A las personas que contestan 10 les va un poco peor en casi todo que a las personas que contestan 8 o 9, menos en lo de la vida social, donde les sigue yendo mejor. Lo más llamativo es que los más felices de todos ganan bastante menos, están menos educados, les va peor en los exámenes y participan menos en la vida política que los que son apenas infelices. Como si apenas un grado, o dos, de infelicidad sirviera para darnos el empujoncito necesario para obtener otras cosas importantes.

Los muy felices, además, son un poco descuidados consigo mismos. Están tan contentos que se olvidan de hacer gimnasia, comer sano e ir al doctor. Y se lo pasan de fiesta en fiesta con los amigos, así que comen y toman un poco de más. Seguro que hasta se olvidan de lavarse los dientes.

Los investigadores concluyen que la felicidad es algo que vale la pena perseguir cuando a uno le falta, pero la búsqueda perpetua de la felicidad cuando uno ya es feliz puede ser contraproducente.

Lo que me deja más feliz que antes y, por eso mismo, más preocupada.

miércoles, 9 de enero de 2008

Agua



una lengua de fuego
una miríada líquida
de instantes
que se vierten
en instantes
que se vierten
en instantes
que se vierten
y confluyen en ese espacio candente
que nos une y nos eleva
en espiral de humo
en ritual de chispas
en agotada síntesis

anoche soñé que bailábamos
.
.

martes, 20 de noviembre de 2007

La justificación

Tal vez hubiera sido bueno haber hablado un poco con ella, que le dijera sus razones, que le explicara cuáles habían sido los motivos, pero no, su cabeza en esos momentos estaba ya muy distante, una demoníaca obsesión lo atormentaba y lo tornaba ajeno a cualquier entendimiento; por eso fue que la golpeó, que la tironeó fuerte de los pelos, y con aquel odio que borboteaba en su sangre le pegó el primer cachetazo, en la cara, cuando estaba completamente desprevenida y a su merced, hasta que la mano le empezó a doler, y miró aquel rostro con los magullones que parecían granadas a punto de reventar, y la nariz moqueando y escurriendo sangre. Lo que más le dolió entonces fue su alma, que envenenada, jamás volvería a ser la misma.
Se alejo de allí, volteó la cabeza y miró como María, angustiada, se cubría con una toalla limpiando su cara, cruzó la puerta y al cerrarla, escuchó todavía algún sollozo que atravesó no solamente las paredes, sino también su corazón y su mente; y entonces, empezó a correr por las calles mientras comenzaba a oscurecer, a correr de uno a otro lado como alma en pena, agitado, y con la vergüenza en los ojos, repitiendo en su memoria las imágenes: su mano en alto, la mirada enloquecida, el resoplido de su aliento, el golpe contra el rostro de ella, el giro brusco y el impacto contra la cama, el gemido que poco a poco se convirtió en llanto. Correr y divagar en aquellas calles frías y solitarias, en aquellas calles de aquel pueblo maldito, que seguro, estaba enterado ya de todo cuanto había ocurrido. Solo, y bajo aquellas miradas que, seguramente, tras las puertas seguían uno a uno los pasos de sus penas.
Cayó la noche, regresó a su casa y se acurrucó finalmente en la banqueta sucia del comedor, la luz tenue de una lámpara en la cocina, le señaló dónde estaba María, con el cabello recogido en una trenza, los moretones discretos, planchando su camisa azul, la de cuadritos que tanto le gustaba.
Abrió bruscamente la puerta, ella lo miró disimulada, y con mucha vergüenza y pena agachó la cabeza.
Fue en ese instante entonces cuando decidió abandonarla y salió de su casa para siempre, mientras, en su mente no dejaba de repetir:
-Fue cierto… por eso la muy puta no se atrevió a defenderse…a reprocharme nada.

jueves, 4 de octubre de 2007

Marginal.

La luna le da su espalda más negra a la noche y las estrellas entristecidas, alumbran los ranchos de los marginados.
Un perro corre a un gato que sale disparado arrastrando sombras tratando de alcanzar una rata y todo termina cuando ésta se esconde en un hoyo del basural, el gato huye a las alturas de un techo de chapas y el perro regresa con sus huesos (los propios) a echarse en el mismo lugar de siempre, a dormir el sueño aliviador de los famélicos.
En las casuchas, como en el tango, el músculo duerme y la ambición descansa. En la única habitación se dan calor unos a otros y el aire, enrarecido, aumenta el sopor, haciendo caer en sueño profundo a todos. Las narices se adaptan a la pestilencia de los olores. Los oídos de los chicos oyen sólo lo que deben oír y cuando la cama de su madre haga ruido en las madrugadas, ellos simularán estar dormidos como angelitos irreverentes.
La abuela, en cambio, duerme poco, porque como dice siempre, poco es lo que le resta por estar despierta. Ella sabe que después de abrirse la puerta del rancho, vendrán los cuchicheos y luego, el ruido que no será de su incumbencia; por eso estirará la mano, tomará la botella de vino y comenzará a empinársela tratando de que cada trago no resuene en la habitación.
En la oscuridad, que es su cómplice adentro, la madre y el visitante no percibirán lo que pasa.No oirán al perro corriendo nuevamente al gato, ni la huída de la rata en el basural y mucho menos a la abuela tragando el vino; tal vez escucharán las respiraciones de los cuatro niños, las de ellos mismos y el zumbido lejano de un camión que pasará por la ruta de vez en cuando.
Entonces, será el momento de que la cama se mueva, se hundirá el pulgoso colchón con cada envión del hombre sobre ella, no pudiendo del todo enmascararse el ruido de hierros y alambres.Al rato, él se vestirá sin bajarse de la cama y ella, que conoce la solidez de las penumbras, descenderá del camastro y abrirá la enclenque puerta del rancho con los ojos cerrados, para no enceguecerse con el resplandor de las luces del puente carretero.
Una vez terminados de atar los cordones de sus mugrosos y raídos zapatos, el hombre se levantará y podrá salir sin llevarse nada por delante, pero antes dejará sobre la destartalada cómoda unos pocos pesos que ella transformará en comida y acomodará prolijamente al lado del preservativo que no se usó y de las estampitas religiosas que como ramilletes de flores ofrecerán sus hijos en las calles al día siguiente.

domingo, 9 de septiembre de 2007

Máxima.

Sintió la turgencia del pene acariciando sus nalgas, goteando, humedeciéndolo todo a su paso y se puso tensa de inmediato, alerta, a la defensiva.
Sintió que le manoteaba un puñado de cabello y se lo tiraba hacia atrás, para darle un dolor que la distrajera, para demostrarle quién era el que mandaba.
Fatalista, vaticinó que había llegado la hora de cumplir con aquella máxima que dice que ante la violación inminente, no hay mejor salida que relajarse y gozar.Entonces, se quejó sensualmente, sabiendo que lo excitaría y que su falo adquiriría una mayor rigidez.
El sabía que el poder era suyo y empujó su miembro con fuerza, moviéndose con una furia intensa que ella se encargó de domesticar con movimientos que oficiaron de freno a la vertiginosidad, para ir llevándolo luego al nacimiento de una cadencia inesperada.
Ella gozó lo físico de los roces, con más o menos presión y del placer que le daban la ambigüedad del propietario del poder, el convencimiento de lo inminente y la absoluta certeza del placer que le causaba.
Gimieron ambos y lograron combinarse, aparearse en el sonido, tal y como estaban, en la carne.El glande y su enorme tronco de jade entraron sin permiso y sin concesiones en su cuerpo, luego vino el repliegue continuo y uniforme, todo fundido en un dolor agradable y excitante.Ya no quería que aquello terminara y quiso desalojarlo de toda duda cuando con sumisa fruición comenzó a lamerlo para alcanzar juntos el éxtasis supremo y cuando él la agarró de los hombros, empujándolos hacia abajo, disfrutó del poder que la ordenaba, sintió que ambos eran bailarines moviéndose en un compás casi perfecto.
Ambos gritaron, ambos gozaron y ella, en el paroxismo del placer sexual, ni cuenta se dió del filo de la navaja degollando sus suspiros; le había hecho caso a la máxima; pero olvidó que su violador deseaba que se le resistiera.

martes, 14 de agosto de 2007

La expiación

Es domingo, después de la gran trasnochada de ayer José acelera su paso hacia la iglesia.
Hoy sus pecados serán lavados y almidonados sus principios.Si no se apura no tendrá asiento en la primera fila de los devotos que buscan los famosos oídos amnésicos del clero.
Ha ayunado de cuerpo; su mente no sabe de reposo ni descanso, menos de penitencias inútiles, sin embargo, hará rodar una lágrima culposa, poco cristalina, buscando la aprobación a su solapada herejía.
Hoy le proferirán el cuerpo y el vinosangre que lo comulgará de sus males.
Rezará solemne e impertérrito frente al santo sagrario.La etiqueta triunfante de la lavandería de pecados brillará en su traje formal y una vez terminada la comedia del arrepentimiento, habrá cumplido con el rito que le dará la excusa para volver a pecar.

jueves, 19 de julio de 2007

Por vez primera

No fue dolor sino cierta incomodidad. La plena sensación de "esto no es como pensé que iba a ser", raspa, fuerza, empuja, embiste, invade. Y no me dio placer.
Dónde están las conmociones, los estremecimientos, los jadeos, el goce, el fuego líquido entre las piernas, el desmayo en cada terminal nerviosa, los sentidos aumentados, todo eso que me pasa cada vez que me besás y me tocás, cada vez que tu lengua me quema en la piel y me susurrás en el oído "cuándo" mientras te siento duro contra mí, tanto que a veces me duele. Y yo te digo que no, pero no detengo tu dulce incursión, al contrario, la motivo, la busco, la intensifico y la deseo.
Ese fin de semana mis padres no estaban en casa. Y el hecho de que no estuvieran significaba una especie de piedra libre, "no me van a descubrir, lerolero". Cuando me pasaste a buscar por casa ya sabíamos, sin haber dicho absolutamente nada, que ése era el día. Había cumplido 18 años hacía un mes y nada y vos tenías 19 y yo me moría por vos.
Gris. Qué gris! Por qué hay tantos espejos? Qué es esto? Qué hace uno ahí? Vení. Voy. Besáme. Pero esta vez tus besos no me produjeron cosquillas. No me empapé. Algo está mal y vos no te das cuenta. No te das cuenta de nada y yo no puedo abrir la boca. Estoy asustada y no te lo digo. No te das cuenta. Raspa. Molesta. No entra, no te das cuenta que no entra. Chhhhhhhhhsssssss. Ya va a pasar. Nononono. No pasa. Me molesta. No siento nada. Entró y salió. Entró y salió. No sé cuantas veces. Y no siento nada, sólo tristeza. Qué pasó? Qué es esto?
Terminaste y pensaste que yo me había sentido bien, que había disfrutado y que me había gustado. No decodificaste ni una expresión, o más bien la falta de cualquier tipo de expresión. El silencio no te dijo nada. Prendiste un cigarrillo y me dijiste "no eras virgen". Pensé que me moría. Sin embargo, te pregunté ¿de dónde sacás que no soy virgen? No sangraste. Me dijo no sangraste. Yo no lo podía creer. Le contesté que era un ignorante. Después me pidió perdón. Pero el perdón no me hizo convulsionar de deseo. Pasaron años antes de que supiera de qué se trataba el buen sexo para mí. Menos mal, para ellos, que nosotras aprendemos rápido.
Poco antes de terminar la relación, un día en que él estaba particularmente convencido de que me había llevado y traído mil veces de la cima del placer sensual, se lo dije. Pero esa pequeña venganza me hizo sentir ruin. Por él y por mí. Las mentiras no tienen sentido nunca.