viernes, 2 de febrero de 2007

Llamando a las puertas del cielo

Le vino la duda, pero le vino de una manera más contundente. Una cosa es que ella se lo dijera y que él no pudiera verla y otra cosa fue verla cabalmente, pero sí, habìa subido un poco de peso, pero él también así que no le quedaba otra que callar. De todas formas, apuró el paso y comenzó a sentir que le subía el viejo y conocido cosquilleo de siempre.
Ella no lo advirtió, no lo vio llegar. Se sobresaltó al sentir una música aguda que se acercaba a sus oídos: era él, que se había aproximado por detrás en silencio y le había intentado poner los auriculares del iPod. Venía escuchando Suicide Blonde. Se besaron rápidamente en el porche. Sus urgencias fueron claras. Ella no lo quería dejar ir y él la apuraba a entrar. El portero solo saludó discretamente pero los radiografió en un instante y se preparó para un concierto de gemidos de alto voltaje.
Entraron juntos. El vano de la puerta es grande y no se despegaron del beso. En algún lugar del pasillo cayeron la mochila, el bolso, las remeras, las zapatillas, las ojotas...
Ahora, por fin adentro y a salvo de las miradas extrañas, él comenzó a disfrutar de la piel anhelada, de su cuello, del olor de su cabello negrísimo y abundante, del aliento tibio y húmedo. "Sos vos... Dios mío! sos vos..." dijo él entre dientes. "Cómo se puede extrañar así a alguien?" dijo ella entre lenguas que se buscaban y -gracias a Dios- se encontraban.
Y así también se encontraron las manos, los brazos, los sudores, las piernas, los sexos, los pechos y los vientres, los temblores, los gemidos, el cielorraso en las estertóreas miradas y boqueos finales, buscando aire instintivamente, queriendo escapar (pero no) de esa deliciosa lamada de la muerte. Ella dejó los rastros de sus manos en la blanca pared, cuando la expansión se volvió incontrolable, cuando el estallido de su sexo se hizo impostergable. Pero la pared insistía en escaparse con toda su plana tersura. Y allí estaban, a solo un palmo, él y sus cabellos, él y su nuca. Entonces fueron sus manos sin pensar su cabeza, apretaron, arañaron, se incrustaron y se detuvieron en sincro con sus piernas agotadas de subir y bajar la torre del deseo; y cayeron en la cama apenas con vida para las caricias, apenas secas, apenas hirviendo.
A él le gusta pensar que se abusó del estado en que ella había quedado. No soltó sus nalgas, por el contrario, las asió con más firmeza aún y continuó penetrándola y saliendo, ahora a su propio ritmo, que poco a poco ella comenzó a hacer suyo nuevamente, en las exhalaciones y grititos, débiles primero, pero creciendo con cada embate, como el pulsar del dolor en un dedo martillado. El nuevo orgasmo se insinuó inevitable, se impuso indeclinable y cegó sus sentidos. Cabalgó en una alocada montaña rusa cuatro veces más. Seis valles ínfimos, cuatro cuestas vertiginosas, voraces y empapadas, cuatro descensos infernalmente celestiales, cuarenta uñas más que se hundían en el cuerpo amado.
"Ahora me toca a mí" dijo él con esa sonrisa perversa y se incorporó al costado de la cama mientras la giraba de espaldas. "Knock, knock, knockin' on heaven's door", sonaba Guns and Roses en el iPod olvidado cerca de la mesa... Y todo volvió a comenzar.

12 comentarios:

Alex de Seven dijo...

Un reencuentro notable, estimado Indiana

pepino offline dijo...

Hubiera preferido menos poesía y más crudeza. Pero bueno, son gustos.

Ana C. dijo...

A mí me gusta así. Todo un descubrimiento, Indiana. Sin el "estimado" hubiera pensado que lo había escrito una dama.

Indiana dijo...

Hola ! Gracias a todos/as!

Me alegro que haya gustado y Pepino, por favor no te desilusiones, es que Alex había pedido mesura dentro de todo, no quise caer en chabacanerías tales como que "el tipo se paró junto a la cama y se la metió por... por colectora".
Veré si puedo mejorar. Muchas gracias.

PD:
no se Alex de dónde sacó el "estimado", supongo que habrá asociado Indiana con el aventurero de la película. Por lo demás, no di ninguna info al respecto y preferiría seguir en eso si me lo permiten.
Gracias de nuevo. Besos.

Alex de Seven dijo...

es que vi un blog abandonado y supuse que era ese Indiana

Mikaelina dijo...

A mi también me gustó así, me encantó la parte de éxtasis. Ummmm, que ganas...

Tyria dijo...

Me hiciste suspirar...
No te imaginaba tan "pecaminoso"...
Te queda TAN bien....
;-)

Gabriel dijo...

Como dice la canción: "Si supieras las cosas que he hecho por ella" ;-)

Que me pongo colorado... :$

Tyria dijo...

Bendita la mujer que le saca ese costado, y le deja aún rastros de inocencia, como para ponerse colorado...

Gabriel dijo...

Si usted la encuentra antes que yo me la presenta? :$

Tyria dijo...

Yo le aviso, Ud tranquilo...
Le mando la Gabyseñal, si?

Tyria dijo...
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