miércoles, 20 de junio de 2007

Ocasos

El varón otoñal.
La dama oscura.
Él, otrora mancebo, venido a menos.
Ella, precaria reina de la noche, ultrajada por sus súbditos.
Él, cruza el jardín y la espera en una oscura sala fría y lúgubremente decorada; finge que lee una revista; sus piernas nerviosas marcan un ritmo sin compás. Le gusta pensar que ella también lo espera, mientras, ve salir reiteradamente a algunos hombres jóvenes de su dormitorio/oficina.
Por fin en el umbral aparece ella, sus ojos de puta vieja lo escrutan minuciosamente, todo está preparado para el encuentro.
El oscuro favor mal habido.
El comprado fervor pasajero.
Ella y su cuerpo gastado en el beso sin amor, en la pasión fingida, en la lujuria rutinaria.
Él y su cuerpo averiado, su virilidad adormecida, su hombría sepultada.
En el dormitorio, aún más lúgubre que la sala, él la mira con ojos esperanzados, la toma de la cintura y se lanza sobre su cuello con voracidad. Sus manos se deslizan con torpeza a la entrepierna de ella, que permanece inmóvil y lanzando bruscos suspiros a la nada.
A él le hubiera gustado sentir como su orgullo de varón se hincharía y se erguiría por sobre la miseria acumulada todos estos años. Pero la actitud de su amante de turno y el olor de la habitación impiden que logre su cometido...
¡Como odiaba ese maldito olor! No tanto por lo pestilente, sino porque le recordaba que otros navegantes habían navegado las aguas que él no podía surcar y habían llegado a buen puerto en una explosión colosal de júbilo mientras él naufragaba de manera infame.
Él, galán vencido.
Ella, urdimbre pasión mecanizada.
Él, no puede más y la abraza. Atrás quedaron los recuerdos de sus viejas glorias prostibularias.
Ella, ¡por fin! lo mira. Besa su frente mientras el habla buscando excusas.
Él llora y ella, sin decir nada, lo acompaña con sus lágrimas.
Dos viejos cuerpos desnudos se abrazan mientras se miran y descansan en un sucio colchón, iluminados apenas por una luz mortecina.
No hay fatiga. No hay sudor. No hay vergüenza. No hay amor, sólo un cuerpo gastado, el otro averiado. Son ambos muy viejos y nada ingenuos como para sentirse amados. Pero, por primera vez en mucho tiempo, ella no se siente ultrajada y él no se siente juzgado. Y para ambos, eso es más que suficiente.

6 comentarios:

Alex dijo...

què triste! el final, perfecto, me encantó.

La otra parte de mí dijo...

ALEX,gracias...se vé que cuando escribo me saco la máscara de la risa.besos.

Ana C. dijo...

A mí no me pareció tan triste. Más me dió la impresión de que aún cuando uno no espera nada siempre puede encontrar alguna ilusión, o un consuelo. Me gustó mucho.

Alex dijo...

si eso también, pero más me dio tristeza.

sí, me gusta cuando no tenés la máscara puesta, sos más vos.

ylek dijo...

es la vida... ,y siguiendo con mi recientemente resucitada vocación bagliettana, "ojo que hablo de monedas no gruesos billetes"
:-*

Joel¡t0 dijo...

Holas ke tal
super kool tu blog eh
lindisimo

i tbn interesant los temas

jeje
mui lindo
espero ke te des una pasada por mi blog
aunk recien lo estoi
empezando
osea en otras palabras
aun no esta mui weno
jeje


weno naa mas felicidades
ta xvr tu blog...

bye

Joel
J03L.Jc@hotmail.com

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http://Joelit0.blogspot.com

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